entrevista

La escritura como búsqueda

Entrevista a Nurit Kasztelan

Por Rosario Iniesta

Fotos: Alejandra Bonaccini @alebonaph

Un PH en Villa Crespo, el hogar de Nurit y Librería Mi casa. La visita es con cita previa por mail, escapándole a las convenciones. En su web se puede consultar el amplio catálogo de editoriales independientes, tanto nacionales como de países vecinos (Uruguay, Chile, Brasil, Bolivia) y también del viejo continente, España. Nurit nos recibe en su casa, nos deja recorrer con libertad su librería y nos hace recomendaciones de libros junto a su gata Amelia.

Sos economista, poeta, dramaturga, editora, librera, ¿en cuál de estas facetas encontrás mayor disfrute? ¿Qué fuiste encontrando en esta exploración?

Yo siento que todos los caminos me llevan a la escritura. Como que para mí en ese momento la matemática era una forma de explicar el mundo, de entenderlo, eso me sirvió para una época de mi vida. Por eso estudié economía, la matemática era demasiado racional y por ahí la economía era una ciencia humana dentro de esto y la poesía es justamente lo opuesto, no? No hay un orden ni una lógica en las cosas, es todo lo contrario, es donde yo soy más pausada, más tranquila, cuando aparece algo más genuino.

La molienda

Estoy sola como el mundo.

Soy plana como el mundo.

Lo único que quiero

es provocar

un estado de tensión

en el que las cosas se rompan

y no haya ruido.

Funciono como las plantas,

si aspiro demasiado

me ahogo.

En Méjico me contaron

de una mujer

a medida que molía el maíz,

su brazo iba desapareciendo.

Soy como esa mujer

que se muele a sí misma.

me escribo

y desaparezco.

Foto de Nurit Kasztelan por Alejandra Bonaccini para Amalgama Cultural
Nurit Kasztelan (ph: Alejandra Bonaccini)

Nunca me sentí cómoda como economista, no era feliz ni me gustaba trabajar en un lugar donde las cosas eran por horario y no por objetivos. Me di cuenta de que ese tipo de trabajo con una jefa y una rutina, no era para mí. Pero, a la vez, me es difícil  pensar a la escritura como una profesión, donde está ese nivel de presión, que tenés que ganar dinero, vivir de eso. A mí me interesa la literatura como un sistema, vivir de ella desde todas sus formas: desde teniendo una editorial donde publico autores y puedo viajar a ferias para hacerlos circular hasta vivir de los libros que vendo aunque no sea de los míos. Allí descubro el brillo de otros.

También disfruto mucho dar clases, tengo muchos alumnos de taller de escritura.

Dar clases te saca de tu narcicismo, ves cómo el otro va cambiando lo que escribe. Y de repente te tocan alumnas que escriben cosas fuertes, está buenísimo trabajar desde ahí, evaluando hasta qué punto te involucras en el texto, dónde ponés el límite.

Escribir es el lugar de mayor exposición e incomodidad, aunque  también de mayor disfrute cuando a alguien de afuera le pasa algo con tu trabajo. No podría ser solo alguien que escribe. Soy una persona muy sociable, y es muy solitaria la escritura. Aprecio esos momentos de estar sola un mes en el río, escribiendo, pero hay un lado mío que dice “Quiero gente, ruido, movimiento”.

No reniego de las carreras que hice. Haber estudiado economía y matemática, me sirvió para decir “esto no va por ahí”; haber estudiado Letras me hizo darme cuenta de la relación existencial que tengo con los libros, para captar diferentes modos de leer y de producir conocimiento y pensamiento. Me sirvió haber hecho una maestría en Filosofía, en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad, donde vi un montón de materias para seguir entendiendo el mundo y pensándolo. Siento que en un punto, el escritor agarra todas esas cosas, las destruye, las desarma, y construye un mundo propio, que no necesariamente tiene que ver con todo lo que leyó, pero que todo lo leído flota, queda ahí como resto. Ahora estoy escribiendo algo que quizás me quede el resto de lo que leí, por más que se deconstruya y después aparezca otra cosa.

Hasta el momento, Kasztelan ha publicado tres poemarios en Argentina: Movimientos incorpóreos (Huesos de Jibia, 2007), Lógica de los accidentes (Vox, 2013)  y Después (Caleta Olivia, 2018) . En Uruguay publicó Teoremas (La propia cartonera, Montevideo, 2010), en España Lógica de los accidentes (Liliputienses, 2015) y en Brasil (traducido al portugués) O amor era un jogo instable (Nosotros, 2018).

Tu obra aborda temáticas como el tiempo, el desamor, el desarraigo.

En los poemas se observa una precisión muy estudiada, algunos de tus textos tienen reminiscencias a escenarios cinematográficos como el de la película de Alain Resnais, El año pasado en Marienbad o La jeteé, de Chris Marker.

¿Cuáles son tus principales influencias a la hora de escribir, te inclinás más hacia lo clásico o lo contemporáneo, quizá algo que estés leyendo en ese momento?

Por un lado, soy muy lenta para escribir, no es algo que hago rápido. Tardé cinco años en escribir cada libro más allá del resultado, pero no, no los hice de un día para el otro. Obviamente, hay un momento en que todo va más rápido. Soy de escribir poemas y que decante hasta que de repente me empiezo a dar cuenta de que hay algo ahí, que tiene que ver con un corpus, y empiezo a tirar como de la soga para ver hacia dónde va esa línea del poema.

Con “Lógica de los accidentes”, empecé a darme cuenta de que aparecían las metáforas de la matemática, los números, jugar con el lenguaje, esa cosa más cerebral de los poemas. Caí en que estaba bien jugar, seguir tirando y decir: bueno, ya que estudié matemática, cómo darle a la poesía algo que no se lee tanto en poesía, intervenir el lenguaje de modo directo. Hay algunas excepciones como el poeta peruano Enrique Verástegui o el libro “Teorema natural” de Leopoldo Castilla. Me interesaba construir desde ese lado, probar una voz que no exista: la poesía que no solo hable de cuestiones personales sino que algo del orden del discurso se modifique.

Todo el mundo se asombra cuando recito de memoria pero en realidad es porque me sé hasta las versiones de los poemas, de tanto que corrijo los termino aprendiendo. Cuando escribo aparecen una mezcla de cosas, pero sobre todo, cómo la experiencia afecta al yo lírico que escribe. O sea, me cuesta escribir algo que no esté mediado por mi experiencia, por más que sea ficcional, y a la vez me interesa encontrar una voz que se separe de eso. Una voz que construya versos que traten de ser universales, que traten de salirse de sí… Pero de repente sí, está el tema del viaje, del desarraigo, creo que cualquier persona que escribe sufrió una pérdida, si no, no escribís. Hay algo de eso que tuvo que haberle pasado, ya sea en la infancia, o en la mitad, o en el futuro, las situaciones límite llevan a la escritura… Igual yo trato de que sean situaciones cada vez más positivas y no escribir desde la angustia y desde esos lugares.

Tiempo de poda

Intentás retener un gesto.

Lo vas a llamar el gesto de la despedida

pero después sabrás que no es así.

Ese fue solo el comienzo

de las idas y vueltas:

vos

y tu antiguo yo

retándose a duelo.

Foto de Nurit Kasztelan por Alejandra Bonaccini para Amalgama Cultural
Nurit Kasztelan (ph: Alejandra Bonaccini)

-Cómo es el trabajo de construcción, o sea, una vez que el libro está escrito, vos lo trabajás después con alguien?

Ah, yo me voy por la abstracción, es lo que me pasa con la escritura. Depende de cada libro. En caso de “Lógica de los accidentes”, lo trabajé con Alicia Genovese en un taller de escritura, y sí, me ayudó bastante. Y en el caso de “Después”, me gané la beca Formación del Fondo Nacional de las Artes para poder trabajarlo con Tamara Kamenszain.

Nurit admira a un conjunto de artistas tan diversos como Xavier Dolan, Miranda July, Sophie Calle, Louise Bourgeois, Wes Anderson o Marta Minujín. El arte de tapa de sus libros fue seleccionado por ella misma. Para Lógica de los accidentes, se contactó la artista Alejandra Seeber. En Después, se observa la selección de una obra de Max Gómez Canle.

Excursiones, editorial independiente fundada en 2012 con su socia Sol Echevarría, está dedicada al ensayo latinoamericano contemporáneo, acompañando a la obra literaria con la de un artista plástico seleccionado para el libro, convirtiéndolo en un objeto de arte completo. Algunos de los autores publicados son Paulo Leminsky, Sara Gallardo, Mercedes Roffé, Néstor Perlongher y Alfonsina Storni, entre muchos otros.

Este año junto a otras tres editoriales ganaron un stand en la Feria del Libro. ¿Cómo fue esa experiencia?

Nos postulamos con tres editoriales amigas, que son Marciana, NoTanPuan y Tenemos las máquinas. Con algunas tenemos proyectos afines y nos juntábamos en algunas ferias, organizamos desayunos de libreros, empezamos a ver la importancia de la unidad y que también que se hace más divertido el proceso y el trabajo. Aparte uno respeta los catálogos de los demás Y dijimos, bueno, ¿por qué no nos postulamos? En grupo siempre es mejor, y nos postulamos y nos salió.

La verdad nos fue muy bien, pero tiene que ver  un poco con que en la Feria te encontrás con libreros del interior del país, que a lo mejor te conocen pero no tienen manera de acceder a tus libros o los libreros de siempre que vienen a buscar la novedad. Te encontrás con lectores… Justo dio la casualidad que durante la Feria hubo mucha prensa, salió en la radio una recomendación sobre el libro Un libro quemado, de Alfonsina Storni, entonces la gente iba directamente a buscar ese libro. También lo mágico de la feria es cuando la gente veía un libro, le gustaba la tapa o el título y quería arriesgarse y lo compraba. Para mí estuvo buena la experiencia, disfruto de las jornadas profesionales de libreros, comprar, ver a los colegas que no ves durante el año, charlar con editores de acá y de afuera.

También leí poesía en la Feria, ahí voy tranquila, a leer en otro ritmo, o como lectora, ese yo tranquilo, que quiere estar sola y leer. Se me ocurrió una idea para editar a alguien durante la Feria, suele pasar en las situaciones donde una está más pasada se le ocurren más ideas. Como que estás tanto tiempo con editores y pasan cosas que quizá no pasarían de otro modo.

Algo

Dejá algo a qué aferrarte

una creencia, tal vez

la cola de un gato

la toalla que un ex amor dejó en tu casa

dejá siempre en la heladera un frasco casi vacío

ese que otra persona ya hubiera tirado

no des vuelta la página

tan rápido de los libros

leé dos veces el mismo párrafo

no des vuelta tan rápido las historias

diversificá tus pasiones

recordá que mucha agua en las plantas

no sirve de nada

las vas a terminar ahogando

es más útil que las pongas

en un espacio intermedio entre el sol

y la sombra

es más útil que las podes de los yuyos

desmalezá también las cosas de tu casa

tirá ropa, objetos viejos

pero igual, dejá siempre algo a qué aferrarte

una remera aunque solo sea de recuerdo

esa que no vas a usar pero está ahí

mostrando la que fuiste

esa que aunque quieras ocultar

con capas de otras cosas

sigue ahí, dentro tuyo

esperando que cualquier señal

la haga asomarse de vuelta.

No cierres las historias

los amores van y vienen

no trates de buscarle una explicación a todo

entregate al devenir de las cosas

a desandar el camino de tu cabeza

sé lenta para desaprender.

Y ahí donde no hay, corré.

Nurit Kasztelan (ph: Alejandra Bonaccini) para Amalgama Cultural
Nurit Kasztelan (ph: Alejandra Bonaccini)

¿Cuál es tu próximo proyecto?

Estoy escribiendo narrativa, ya había escrito en la época en la que cursé taller con Hebe Uhart allá por 2006, durante unos dos o tres años. Recuerdo que llevaba textos de narrativa y después empecé a llevar cosas más poéticas hasta que en un momento Hebe me dijo: “Nurit, vos escribís poesía”, como diciendo: “no vengas más porque te gusta más la poesía, la verdad vos escribís más eso y  yo no voy a corregir poesía”. A Hebe yo la adoro y fue lo mejor que me pudo decir, tenía razón. Ahora volví desde otro lugar a la narrativa, como que siento que todo lo que aprendí de ella volvió del golpe y estoy escribiendo, no sé bien qué es, si es una novela, un relato largo, un cuento. No le descubrí la forma aún, pero es sobre una mujer que se va a vivir al campo y todavía no tiene tanta trama la novela, es más que nada como aparecen los recuerdos de la ciudad y la vida que dejó. Tiene que ver con lo contemplativo, la naturaleza, lo doméstico, con ese proceso de cambio. Hay una palabra japonesa que es el Ma (間), un estado, una pausa entre un estado y otro. Es un poco como ese tránsito. No es autobiográfica, el personaje está escrito en tercera persona. Si bien mi poesía no es tampoco autobiográfica, sí es más cercana a lo autobiográfico.

Tengo poemas nuevos: hay uno más personal sobre mi abuela, que hace poco murió y otro más de la tormenta, del jardín o de las plantas. Me interpelan esos mundos y aparecen. Trato de correrme del yo pero en la poesía me cuesta un poco más.

Estoy con esos dos proyectos, pero como te digo no tiene fecha de finalización ni apuro, no sé si me va a llevar un año o quince. Lo que sí me doy cuenta es que la poesía y la novela requieren de tiempos distintos. A lo mejor para la novela estoy cinco horas para un párrafo. Me doy cuenta que soy bastante poeta cuando escribo narrativa, le doy demasiada bola al lenguaje cuando lo que necesito es avanzar y corregir. Ahora estoy escribiendo siento que esto va para un lado y con los poemas nunca sé hasta después. Creo que ese título Después y ese libro hablan un poco de cual es ese futuro que no se sabe. Hay un libro de Dorothea Lasky que se llama “La poesía no es un proyecto”, que al final tiene  un ensayo que me encanta que habla justamente de esto, de que hay poetas que van por el lado de la intuición y un poco me alineo con esa idea.

Lógica de los accidentes

Si pudiera entender el orden

que lleva a los accidentes,

la pérdida de lo dado, la distribución

desigual de la angustia,

escribir una palabra como crave,

anhelar, ansiar, necesitar con urgencia,

pero no tiene traducción

no tiene lógica

sólo en el cuerpo.

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