Amalgama

Hablar de vos

Otra clase de amor
otra forma de estar
juntarse o trabajar
y hablar de vos

Juan Pablo Fernández- Acorazado Potemkin
Por José Cordeiro
Caricatura de Osvaldo Bayer. Fuente (Facebook)

I

Le expropio el título y algunos bellos versos a un amigo que los escribió y los canta para su hermano, porque me expresan, porque otra amiga querida me sugirió que escriba sobre Osvaldo Bayer, y es difícil porque ese auténtico hijo del pueblo vivió y luchó con tanta dedicación y consecuencia, que hay ríos de tinta sobre su obra y su militancia. Sin embargo, por circunstancias generacionales, por historia de vida y por amor, y a la luz de su paso a la eternidad del pueblo es imposible cruzarse con alguien en la calle o en una red social y no hablar de él.

II

Cuando hablamos de nuestros héroes, de nuestros faros, de nuestros luchadores o nuestros revolucionarios siempre estamos hablando de nosotros mismos. Cuando algunos de ellos han sido responsables de abrirnos los ojos y cambiar nuestra vida, tal la fuerza y coherencia de su “haz”, de su señalamiento, de sus llamados, es irremediable comprender que es lo que significó en nuestra generación, en algunos de nosotros, en mí, que hablar de ello es hablar de él, de su impacto en nosotros. Su influencia en la transformación de nuestra “praxis”, la forma en la que “lee” el libro de la naturaleza el pueblo, que en la huella en el barro reconstruye el caballo, así le damos forma al otro, en las huellas que ha dejado su andar en nuestro cuero.

III

Mientras escribo éstas líneas, una compañera me escribe por el messenger de Facebook: —Ahora que están apareciendo fotos de Bayer joven, vos sos muy parecido! —Me alegraste el día—, le respondo, y me doy cuenta enseguida que alegrarse por una semejanza física (si es que realmente la hubiera) es algo tonto, y sin embargo fue así.

IV

Si bien me involucré muy tempranamente en el movimiento estudiantil de mi tiempo, antes de eso, cuando estaba en la escuela primaria, mi familia había creído en el discurso de un Raúl Alfonsín que llegaba al poder con ciertos lineamientos en torno a los Derechos Humanos y una política de democratización que con el correr de los días y las agachadas ante el poder militar terminaría por desilusionar, aunque en aquella época, yo no tenía una “formación” y los juicios a las juntas, el informe de la CONADEP, el regusto agrio de Malvinas había creado un clima para que los jóvenes, casi que diría chicos, nos interesáramos y nos movilizáramos. Ya en la escuela secundaria el contacto con las direcciones de los centros de estudiantes y las exhibiciones del film “La noche de los lápices” entre algunas otras cosas, prepararía un terreno para un muy temprano interés. Un tiempo antes mi amigo del barrio, Julián, hijo del escritor peronista desaparecido “Delfor Soto” me había invitado al APDH, lugar al que concurríamos a charlas sobre éstos temas y talleres. Con el correr del tiempo, algunas de las personas que conocí allí conformarían la agrupación Hijos, pero fue otro amigo mutuo, Sebastián quién un día llegó del Parque Rivadavia con un ejemplar de la revista “Todo es historia” de 1970. El artículo de tapa pertenecía a Osvaldo Bayer y se titulaba “Los anarquistas expropiadores”. MI amigo Sebastián me puso la revista en la mano y me dijo: —éstos eran la posta—

V

En paralelo con la participación en las cientos de actividades, marchas, actos y actividades culturales que se irían produciendo en la efervescencia de los tempranos años 90, entre la paulatina y relativa pérdida del miedo a secuestros y torturas por la población en general y la crisis económica que se estaba gestando, fui absorbiendo todo el material de Osvaldo y de autores anarquistas clásicos que pude conseguir. Corrían ya los años del Menemismo, y si bien hubo una suerte de verano económico para algunos sectores sociales, para los sectores populares de la militancia, luego del indulto a los genocidas, el gobierno de Menem había sellado su destino de enemigo del pueblo. En aquellos años leíamos al diario Sur (de corta vida), el primer Página 12, la revista El porteño, y el periódico de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Allí aparecían textos de Bayer. Eran los textos que nos orientaban, fundamentalmente para una juventud que tenía muy pocos nexos con una generación anterior, ya que era una generación diezmada por la dictadura. Cómo dicen muchos compañeros éramos huérfanos políticos, por lo que, salvo algunos en experiencias muy orgánicas, tuvimos una formación bastante autodidacta.

Untitled

VI

Los años del final del segundo mandato menemista, con el nacimiento de mi primer hijo y los malabares económicos de una recesión que comenzaba a hacerse notar con estallidos sociales y piquetes en diferentes puntos del país, sumado a circunstancias personales, me mantuvieron fuera del circuito de la militancia, aunque, siempre iba a las marchas que consideraba importantes, los 24 de marzo, las marchas de la resistencia y alguna otra puntual. Siempre seguía con las lecturas y tal fue la sensación de compromiso con la que crecimos que es el día de hoy que cuando falto a una marcha me siento “en falta”. Parte del razonamiento que hacíamos con los compañeros en años anteriores era: —mírenlo a Bayer, está en todos lados siempre, y no se cansa de contar las mismas cosas, para que todos las sepan, eso es lo que hay que hacer, poner el cuerpo.

VI

Devoré sus libros, y a su vez ellos me llevaron a leer otros de Bakunin a Marx, pero también la historia argentina, y la historia en general. Las biografías de Perón y sus textos, las del Che, la obra de Gramsci. Quizás no hubiera llegado nunca a esos autores de no haber sido por la influencia de Osvaldo. Una de las veces que estuvimos haciendo un acto frente al monumento a Roca, le conté esto mismo, y con esa humildad de siempre me dijo: —si no era por mí, hubieras llegado (a leer esos autores) de otra manera— Lo cierto es que tanto el Severino, como La Patagonia Rebelde entre otros se han convertido en esos libros que forman parte del “cánon” del pueblo y sus organizaciones.

VII

Los acontecimientos de 2001 precipitaron en mí la necesidad de reconectar con compañeros y sectores militantes, pero muchos de aquellos que conocía de los movimientos de DDHH de los 90 estaban insertos en experiencias políticas, que para mi pensamiento de aquellos años, eran demasiado parte de un “sistema político que asumía características de casta” por lo que en una de las manifestaciones conocí a unos compañeros que pensaban de manera similar, que la solución a los problemas sociales no podía ya partir de los partidos patronales o de partidos de izquierda que considerábamos verticales y consignistas, y con una inserción popular muy débil. Con esos compañeros comenzamos a juntarnos en la Biblioteca Ingenieros y a terminar de darle forma a lo que ellos venían intentando que fuera la “Red Libertaria” un espacio político de relacionamiento amplio pero con una definición revolucionaria y clasista, pero lo suficientemente amplia como para no caer en el gorilismo o las tendencias liberales del movimiento anarquista. De la enorme cantidad de jóvenes que con los años conformarían organizaciones estudiantiles, no eran los menos, los que se acercaban a militar porque habían leído tal o cual libro de Osvaldo. También de alguna manera, a través de la banda Arbolito, Osvaldo le puso una cierta banda sonora a la época.

VII

Los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki fueron para mi generación y para mí en lo personal un punto de inflexión, que no sólo, detonó el gobierno de Duhalde para dar lugar a esa suerte de “revolución pasiva” que fue el gobierno de Néstor Kirchner, sino que nos llevó a serios replanteos de qué era o debía ser una política revolucionaria. Aunque la riqueza del proceso de constitución de los MTD y las asambleas populares quedarán en nuestra memoria cómo un “interregno” de libertad y de potencia de cambio imborrables, con el correr del tiempo, la captación, cooptación y el ordenamiento de esas energías populares detrás del cumplimiento de algunas de las reivindicaciones desde el gobierno derivó en un debilitamiento general de los sectores que pretendían y/o pretenden transformaciones estructurales. Fueron los años en que internet comenzó a juntarnos en debates en portales y medios populares y alternativos, Rebelión, AnRed, La fogata, La vaca y especialmente la experiencia de Indymedia que servía también para coordinar luchas y acciones. Las columnas de Bayer se difundían por todos éstos medios y aún siguen ahí disponibles para su consulta.

VIII

En esos años uno de los pocos compañeros “mayores” que se tomaba el trabajo de venir a charlar y matear con nosotros era el pastor metodista Oscar Nuñez del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, él tuvo una influencia fundamental en el desarrollo de mi pensamiento político, aún dentro del marco del pensamiento libertario se puede decir que, “me nacionalizó en lo estratégico” y también me enseñó a distinguir a los revolucionarios en los diferentes sectores políticos en que se encontraban y encuentran, comprendí que es algo que no se define desde una etiqueta o la autoproclamación. De alguna manera, era algo que teníamos incorporado, Osvaldo Bayer siempre nos había señalado en esa línea, qué había que reivindicar a los verdaderos hijos del pueblo desde Evita a Walsh, desde Severino a Cooke, de Bolívar al Che y colocarnos así en un camino desde dónde construir una política revolucionaria amplia, popular y de masas. Ello nos llevaba a estudiar la historia de las organizaciones revolucionarias de diferentes signos políticos de nuestra región, para criticar y reivindicar. Tener pasado para construir futuro.

IX

Con el paso de los años, y nuevamente por cuestiones de salud de mi padre me vi unos cuantos años alejado de la militancia más orgánica y en esos años también desaparecería la experiencia de la Red, dejando en la parte positiva del balance, una enorme cantidad de compañeros y compañeras insertos en diferentes espacios políticos la gran mayoría de ellos consecuentes luchadores, hoy al frente de muchas iniciativas que de alguna manera me enorgullecen por haber contribuido mancomunadamente a su formación. Luego de la muerte de mi padre y habiendo hecho en unos largos y sobresaltados 14 años la carrera de Ciencias de la Comunicación, tomé contacto con compañeros que estaban en la experiencia de la televisión popular y me sumé a lo que es hoy Encuentro AntiImperialista – Barricada TV espacio en el que sobra entrega, lucha y consecuencia. Para el canal hice por ejemplo, la cobertura del cumpleaños 90 de Osvaldo, y con éste recuerdo quería terminar lo que ya se viene haciendo demasiado largo. Una plaza que desde el mediodía hasta la noche contó con expresiones de amor y de afecto de una multitud entre los que se encontraban desde Nora Cortiñas hasta el mítico Orlando Torrado, luchador anarquista y protagonista junto a Domingo Trama de la huelga más larga de la clase obrera argentina en el siglo XX. Huelga de la que sé por la divulgación permanente de Osvaldo en las contratapas de Página 12 que derivaron en el documental de Mariana Arruti, y por la historia oral de alguno de sus protagonistas en la Ingenieros.

X

Mientras termino estas líneas y busco el documental de Eduardo Montes Bradley, “Los cuentos del timonel” pienso que Osvaldo se hubiera reído si le decía que terminaba de hablar de él, en un parágrafo 10, que numerado a lo romano es una cruz. Le encantaban las bromas al respecto, siempre contaba que Soriano lo gastaba con qué su amado Rosario Central, llevaba en su nombre el collar que usan las viejas para rezar. Así es qué su última mojada de oreja al clericalismo fue irse en navidad, pero lejos de los binarismos siempre reivindicó a los curas obreros. De hecho leo asombrado en las redes reivindicaciones excluyentes de Bayer, una mala idea tratándose de un hombre cuya ética profundamente libertaria podría cantase con Viglietti: “No digo nombre ni seña, sólo digo compañeros.” Este texto, subjetivo e imperfecto, no quiere ser más que otro aporte a su memoria “desde el pie”. No puede ser tampoco una despedida, porque hagamos lo que hagamos, luchemos lo que luchemos, digamos lo que digamos, vas a estar ahí, presente, sonriendo vaso de whisky en mano hablando de la sonrisa de Marlene. Y todos nosotros vamos a hablar de vos aún en silencio, con el lenguaje elocuente de nuestros actos. Que la tierra te sea leve compañero.

José E. Cordeiro, Bs. As., 26.12.18

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s